Una pregunta para orientar el análisis: ¿la situación mundial actual es una de las tantas crisis pasajeras a las cuales el sistema económico mundial nos tiene acostumbrados o es un hito que marcará definitivamente un curso distinto de las cosas, al punto de pensar que estamos a las puertas de un inminente cambio civilizatorio a gran escala?
Recordemos que los problemas actuales son el producto y acumulación de los hechos acaecidos vertiginosamente durante el siglo XX. Siglo en el cual cambió, en primer lugar, la dirección del poder mundial en sus inicios, de manos de la Inglaterra imperial al coloso del norte del nuevo mundo, después de la II Guerra Mundial. Sin embargo, a EEUU le duró poco su estadía en la silla de dicho poder, su propia economía empezó a sucumbir en los años 70, gracias a lo cual se produjo un período de transición -la llamada la década perdida del desarrollo mundial de los 80-, que terminó por convertir a la súper-acumulación de capital de las grandes potencias en el gran supermercado a escala planetaria, donde la lucha de intereses ya no se define en los campos de batalla tradicionales -“naciones”- sino que van más allá como es el caso de la gran banca mundial.
Para muchos, sobre todo para los portavoces de la modernidad, los mal llamados medios de comunicación -debiera decirse medios de irradiación de la alienación materialista-, la transformación de una sociedad es una lejana utopía y cualquier cambio es mirado con recelo cuando no con una militante resistencia.
Los amplios y profundos procesos de transformación no pasan de ser pequeña noticia o instantánea del momento; es como si nada serio estuviese pasando y eso vuelve invisible la verdadera problemática: “la crisis del mundo moderno”. Crisis que subyace silenciosa, sin el análisis que posibilite a los pueblos estar bien informados, como parte intrínseca del proceso educativo que requiere el mismo cambio. Por ello, los medios no educan, nos instruyen mal, pero el problema no es solo por la ignorancia de los temas. A veces, advertidos por las circunstancias, los mismos comunicadores se encargan de maquillar ex profeso a la realidad.
¿Por qué no se dice nada de las causas que originan el efecto brutal de los cambios climáticos? Es más fácil culpar al gobierno de turno que no hizo a tiempo los muros de contención, antes que decir que debemos poner un alto al consumismo de hidrocarburos que contaminan tanto a la naturaleza.
Contradictoriamente los mismos medios contribuyen a difundir –en otro sentido-, una imagen poco alentadora del mundo, así la prensa mundial y no solo la nacional, es amarillista ya por convicción u omisión.
Todo el mundo sabe que el precio del petróleo sube o baja cada día, pero nadie ha dicho que esos cambios se producen por efecto de una indexación histórica. Si el precio del petróleo hubiese seguido, desde hace 80 años, el curso de la inflación promedio mundial, hoy éste valdría más o menos 250 dólares/ barril. Nadie dice que incluso los precios relativos más bajos del petróleo (hoy en recuperación) son el resultado, en los últimos 60 años, de una política exterior deliberada de EEUU (como el gran monopsonio que fue y sigue siendo) y que tuvo como propósito abaratar su principal costo de producción (energía). De esa forma impuso su lógica de precios y logró ser potencia competitiva. En suma, la estrategia estadounidense ha sido -es- controlar y aislar, pero también amenazar o invadir militarmente a los grandes productores. ¿Por qué la prensa, sobre todo la nacional, no dice casi nada al respecto, cuando esto es admitido incluso en los debates de los políticos norteamericanos?
A la prensa parece interesarle que el gran público (el objeto del control social según Foucault) se impresione con hechos y cosas de menor importancia, como son los hechos de “sangre” que son la mejor manera de comunicar sin informar. Para ello usan el violento “drama individual”. Así, siempre vemos en primera plana al migrante latino que mata a su amante en España; el estallido de una bomba en Irak; un choque múltiple de automóviles en las superautopistas europeas; el abandono de un recién nacido en los suburbios de las favelas brasileñas; los trillizos nacidos en la India. Es una manera de decirnos que estamos oportunamente y al tanto de todo, es una forma de convertir al presente en algo insignificante y trivial.
A la prensa le interesa la noticia rápida e impactante más que la tala de miles de árboles; no le interesa los entretelones de la negociación de la paz en Medio Oriente, a menos que un soldado de EEUU muera a manos de un supuesto fanático musulmán… Por eso la prensa de hoy acuña la vieja práctica: la “cortina de humo”.
Claro, importa menos la cultura popular; el medio ambiente; el contenido de las protestas sociales; la profundidad de los acuerdos políticos; no nos inmiscuyen con los adelantos de la ciencia o en las diversas manifestaciones del arte; o el análisis de las culturas antiguas. Los medios no son espacios de democracia; reproducen vicios para satanizarlos al más puro estilo “en corto”. Recordemos… hace meses se eligió a Quito como la “capital” de la Unidad Sudamericana de Naciones, más o menos equiparable a la Bruselas europea, sin embargo, este hecho trascendente fue noticia de cuarta y eso cuando fue noticia en los diarios de mayor circulación ecuatoriana. Está claro, a la prensa no le interesa la Unidad de los pueblos latinoamericanos.
La prensa en general es un verdadero poder de coerción, prevalida por una nueva ideología: la de la ignorancia… Tenemos derecho a información real y de calidad, pero eso es peligroso porque nos haría reflexivos. ¡Qué suerte la de los comunicadores perpetuos que se dan el lujo de opinar desde su posición política cualquier hecho! Ya quisiera que al menos el 10% de los académicos de este país tenga esa “ventaja”, sin embargo, se tapan la boca en señal de protesta ante una supuesta ley mordaza, que no es otra cosa que la regulación de un poder más como la que existe para cualquier otro de los poderes ya establecidos.
Por otra parte, la consigna secreta y al mismo tiempo develada de los medios es la del control social, por ejemplo manteniendo vigente en nuestras conciencias el valor del estatus quo. Esto se logra mediante el mensaje subliminal mostrando siempre ganador del concurso o mediante la crítica fácil al gobierno de turno, con los reality shows, con los programas de farándula, donde usted puede “educarse” para estar a la moda y emular las excentricidades del buen comer y beber del jet set internacional, es decir le interesa la reproducción de una falsa cultura. En fin, podemos citar cientos de ejemplos donde la desinformación cunde.
Pero hablemos de aquello que no conocemos, con la relevancia que merece, hablemos de la “crisis” de la economía mundial, que está en un callejón sin salida. No conocemos a profundidad las medidas para frenar la crisis sistémica, sabemos que a la banca quebrada se le ayudó con fondos públicos en miles de millones, fondos que en tan solo un 10% hubiesen servido para dar seguridad alimentaria a medio planeta. No sabemos si EEUU seguirá o no con la política monetaria expansiva acompañada de la devaluación del dólar, lo que a su vez favorece el incremento del la “demanda de dólares” en el mundo, acelerando la inflación mundial, eliminando artificialmente la inflación local y disminuyendo buena parte de sus gigantescos déficits comerciales y fiscales. Paradójicamente, esto se vuelve un problema recursivo y buen pretexto para seguir emitiendo “sin respaldo los papeles verdes” e invirtiendo en gasto militar, a no ser que se vaya a aplicar el plan “B”: un cambio de moneda alternativo al dólar.
Debemos saber que la devaluación del dólar –ironía de la globalización-, precisamente, ha puesto en jaque al esquema neoliberal de la misma Comunidad Económica Europea, ya que se “beneficia” importando de productos relativamente más baratos procedentes de todo el globo. Pero, contradictoriamente, esto le hace perder competitividad y ventas. Por lo dicho aseveramos que la economía mundial entró en un callejón sin salida, cosa que los medios están lejos siquiera de percibir.
La guerra del euro frente al dólar tiene un límite, como ya lo está teniendo el precio del petróleo. El anclaje de esas dos variables puede hacer estallar a la economía mundial en un plazo más corto de lo que se cree. Sin contar los efectos estructurales de las variaciones climáticas sobre la producción alimentaria mundial, o la cuota permanente sobre la inflación mundial por la acelerada y creciente demanda de China e India de bienes (materias primas de uso industrial y bienes de consumo directo); sin mencionar la especulación y el acaparamiento de gramíneas. ¿Será por ello que países como China amenazan con deshacerse de las reservas en dólares, poniendo en jaque al control de la oferta monetaria por parte de EEUU? Estos hechos son parte del rompecabezas de la crisis sistémica estructural de la sociedad moderna.
Irónicamente, los medios nos proponen como solución: más TLC, como si solo se tratase de dar respuesta a la supuesta “recesión del momento” y luego nos hacen ver y oír los “aplausos” de los tristes funcionarios, que incluso fingen sonrisas ante los malos resultados de Wall Street. La prensa nos des-constituye como seres libres y pensantes, con derecho a información de “calidad”, mientras se ocultan los hechos a nombre de la sacrosanta libertad de expresión.
Popularidad de esta nota: 2% [?]
Artículos relacionados
- » La prensa: mejor, imposible
- » José Mejía Lequerica y la libertad de prensa
- » ¿Quién salvará a la educación ecuatoriana?
- » Educación superior en Ecuador: el cambio no es una dádiva, es vital
- » Duélale a quien le duela: la realidad de la educación superior ya emergió
- » Prensa vs. Poder: ¿qué hay detrás?
- » El ambiente en tiempo de crisis
En carpeta
Si desea ver más informes de otros blogs, ingrese a Blogs & Tendencias
