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663 mil jóvenes trabajan como adultos

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En el 2006, al menos 662.665 niños, niñas y adolescentes ecuatorianos trabajaban. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC), varias razones influencian en la inserción tempranera de la fuerza laboral juvenil. Dos de ellas son: necesidad económica y bajo rendimiento escolar. La Ley permite que los jóvenes pueden trabajar desde los 15 años.

Fotografía: b10.com.ec

Febrero del 2010, Quito. Lisa Quishpe trabaja desde los 14 años, empezó como empleada doméstica. Hoy atiende en una cafetería.

En el Ecuador existe un mundo laboral que no siempre se mira con la profundidad que requiere. La falta de dinero para solventar los gastos personales y de la familia, unida al bajo rendimiento escolar y la escasez de dinero para acudir al colegio, son las causas más frecuentes por las que al menos 662.665 niños, niñas y adolescentes, entre 5 a 17 años, se ven presionados para ingresar al mundo laboral. Así lo revela el último estudio estatal sobre el trabajo infantil, realizado el 2006 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

Concretamente, el 45,3% de los adolescentes que trabaja en Ecuador explica que lo hace por tener un bajo rendimiento escolar, mientras que el 29,7% justifica su temprana inserción en el mercado laboral, por la necesidad de ingresos para poder pagarse sus estudios. (Ver anexo). Esta última causa fue la que obligó a Lisa Quishpe a trabajar. Ella tiene hoy 17 años y labora en una cafetería, al norte de la capital. Desde hace 6 meses viste un uniforme de color rosado y una gorra blanca que cubre su cabellera de color negro. Sus manos agarran cuatro panes de yuca envueltos con una servilleta y se lo entrega con amabilidad a sus clientes. Luego, su mirada se mantiene fija en los alimentos, al tiempo que recuerda desde cuándo empezó a trabajar.

“Mi mamá no podía pagarme mis estudios y me tocó buscar trabajo para costeármelo yo misma. Al principio fue un poco complicado, pero luego agarré el ritmo… me gusta trabajar porque así dependo de mí misma”, cuenta esta joven de contextura delgada. Cuando tenía 14 años, Quishpe empezó su vida laboral como empleada doméstica. Ella entraba a la casa de su empleadora a las 08:00 y salía a las 17:30. Allí arreglaba los cuartos, lavaba la ropa y los trastes, ayudaba a cocinar y cuidaba a dos niños. Su salario mensual era de 100 dólares.

La joven se dio cuenta que el sueldo no le alcanzaba y decidió cambiar de empleo. Después de un mes de buscar en el mercado laboral, halló un nuevo trabajo: vendió ropa deportiva en un almacén al norte de Quito. En ese lugar, trabajaba desde las 08:00 hasta las 19:30 y cobraba un salario de 160 dólares mensuales, sin los beneficios de Ley. Al transcurrir un año, la paga no le alcanzaba para cubrir su colegiatura, así que presentó la renuncia y se cambió al trabajo actual. Hoy, la adolescente prepara cafés y vende yogurt de diferentes sabores con pan de yuca. Su horario de trabajo es de 08:30 a 17:30 y recibe 200 dólares, pero tampoco tiene acceso a los beneficios de ley. “Me pagan 200 dólares netos y no me pagan los décimos ni las horas extras. Pero, por el momento, estoy contenta con este salario… Trabajo y estudio”, manifiesta la joven, quien mantiene una sonrisa en su rostro.

Esta historia es una de las miles que se repiten en todas las ciudades del Ecuador. Según el estudio del INEC, en el 2006 laboraban en las áreas urbanas del país 220.242 niños y jóvenes. Mientras que en el 2001, en la misma zona urbana, trabajaban 218.066. ¿Cuál es la situación en el campo?

En las áreas rurales, en general, existen más niños, niñas y adolescentes incorporados al mundo laboral en comparación con los chicos y chicas de las ciudades, aunque la tendencia rural es a la baja. En efecto, según los estudios del INEC, en el 2006 hubo 442.423 adolescentes laborando en faenas agrícolas, mientras que en el 2001 la cifra pasaba del medio millón (502.384). (Ver anexo)

En la zona rural, a más de los principales motivos explicados al inicio del reportaje, los adolescentes generalmente se dedican a ayudar a sus padres en los cultivos o en la crianza del ganado. De hecho, el censo del INEC revela que el 2,5% del total de niños, niñas y adolescentes, que tienen alguna actividad en el país, lo hacen para ayudar en el negocio o en las fincas de sus familiares.

Desglosando las cifras del INEC puede verse que el 8,1% de los niños, niñas y adolescentes que laboran, ingresan a ese mundo porque sus padres creen que es necesario que aprendan a trabajar o porque es su obligación. Un ejemplo referencial es Elio Quinto, un niño de 10 años. El pequeño de tez trigueña trabaja cuando no acude a clases. Pero su tarea no es necesariamente obligatoria, pues en sus horas libres ayuda a su padre en el negocio de parqueadero y venta de salchipapas.

“¡Trabajo, sí trabajo!”, exclama el infante, la cual se desvanece cuando empieza a explicar en qué consiste su trabajo. “Yo cobro a las personas que dejan parqueados sus carros, pero solo cuando mi papá sale a comprar alguna cosa. Eso sí, nunca estoy cuando tengo clases porque hay que estudiar…” El pequeño trabaja desde hace un año y está en sexto grado de básica, en la escuela Reina de Bélgica.

El padre del menor, Elio Quinto, comenta que no le gusta que su hijo trabaje porque aún no es época para él, pero a veces sí necesita de su ayuda, sobre todo cuando debe hacer compras. Elio explica que su recompensa por tener a su hijo trabajando desde edad temprana llegará, pues “él sabrá salir adelante cuando yo ya no esté”.

Toda esta información deviene en una pregunta clave: ¿qué pasaría si en Ecuador los niños, niñas y adolescentes dejarían de trabajar? El experto en estadísticas de trabajo infantil, Claudio Gallardo, ensaya una respuesta. “El impacto económico sería mínimo, porque las familias no dependen de esos ingresos para subsistir”. Eso sí –aclara- es alarmante que las familias no tengan dinero para pagar los estudios de sus hijos; ese es un signo de pobreza.
Pero su respuesta tiene su base en las mismas cifras que maneja el INEC. Allí el experto encuentra que solo el 2% de niños, niñas y adolescentes trabaja para ayudar al ingreso familiar, mientras que un 12,3% lo hace para buscar independencia económica.

¿QUÉ DICE LA LEY?

- El trabajo de los niños, niñas y adolescentes se estipula en la Constitución de la República, en el Código de la Niñez y Adolescencia y en el Código de Trabajo. La Constitución consagra los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes considerándolos adicionalmente como grupo de atención prioritario. Esto se puede observar en la sección quinta, artículo 44 y 46. (Ver anexo)

- En el Código de la Niñez y Adolescencia se estipula las normas en las cuales un niño, niña y adolescente puede trabajar. Por ejemplo, allí se pacta el derecho a la protección contra la explotación laboral, la edad mínima para el trabajo (15 años), la erradicación del trabajo infantil y la jornada de trabajo y educación (la jornada de trabajo no podrá exceder las 6 horas diarias en un periodo máximo de cinco días a la semana). En este Código también se estipula los trabajos prohibidos (minas, basurales, camales, entre otros) (Ver anexo).

- En el Código del Trabajo se regula las relaciones entre empleadores y empleados. Además de que se aplican a las diferentes modalidades y condiciones de trabajo. En este Código, por ejemplo, se protege al menor de edad su derecho a la salud y educación, se establece normas para el registro de los contratos de trabajo, su inscripción en el seguro social. Además se reconoce a los adolescentes que cumplieron los 15 años, se prohíbe “toda clase de trabajo por cuenta ajena, a los niños, niñas y adolescentes menores de 15 años”, entre otras. (Ver anexo)

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… y con esto

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